
¿Qué es la educación personalizada y comunitaria?
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¿Cómo logramos que la educación personalizada y comunitaria se haga viva en el salón de clases?

Con tres principios o raíces
Maria Montessori y Pierre Faure:






La acogida
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Para que un niño aprenda con gusto necesita sentirse acogido como lo que es: una persona. Un niño debe sentir que es amado. Sentir y vivir ese amor le da seguridad para elevarse a conquistar su propio desarrollo y crecimiento. Necesita sentir que es aceptado tal cual es.
El profesor prepara todo lo necesario para recibir a los niños: el programa a seguir, los instrumentos de trabajo, los materiales didácticos, el calendario, el horario, su salón. Todo lo que está en el aula tiene un orden: el niño observa y descubre que lo que está ahí es para él, para que trabaje y progrese.
El objetivo de la acogida es crear un ambiente de trabajo agradable, cordial, alegre y firme donde cada uno actúe por sí mismo en una vida social y comunitaria donde aprende a compartir lo que es y lo que tiene.
La actitud positiva del maestro, desde el primer momento que el niño llega a la clase, le da al niño confianza en sí mismo, le hace sentir que es capaz de trabajar bien, de conquistar algo, de aprender y de progresar. El profesor tiene fe en sus alumnos, los reconoce.
Si el niño percibe que él es importante, llamado por su nombre, que se le está esperando, se sentirá persona en su clase, con el profesor y entre los demás compañeros.
La personalidad se construye en un clima de confianza, de intercambio persona a persona donde cada uno comparte lo que ha recibido en una vida social y comunitaria.
Para aprender, el niño necesita entrar en actividad con todo su cuerpo, su mente y su espíritu. Necesita pasar de ser un ser pasivo a ser un ser activo. Para poder actuar se necesita un proyecto pedagógico y didácticamente claro: saber a dónde se va y cuál es el objetivo a lograr; se necesita un punto de partida, unas señales que conduzcan el camino en lo más importante que son los procesos, y un punto de llegada.
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El ambiente preparado
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Es todo aquello que se preparó para que los niños puedan descubrir lo que buscan y entren en actividad:
- La organización de la clase. Armonía, orden, pulcritud y elegancia del aula. El mejor sitio para estar y para actuar, para aprender y progresar por sí mismos. En el salón de clases están listos y a la mano todos los instrumentos de trabajo necesarios para actuar y no se detenga la actividad.
- La programación: para guiar el trabajo a seguir.
- Los instrumentos de trabajo con un orden progresivo: listos y a la mano.
Las actividades se estructuran de tal modo que llevan al alumno a lograr éxito, logros obvios y evidentes para él. De esta manera se motiva el gusto por el trabajo con una calma interior para convertirlo en hábito y en una actitud de vida.
La actitud fundamental del profesor
El maestro es guía, observador, investigador y acompañante. Su actitud se basa en el amor, la alegría, el respeto y la confianza en el potencial de cada niño de que cada uno es completamente capaz.
Conoce a sus alumnos a fondo, escucha, dialoga y ofrece la ayuda necesaria con preguntas inteligentes para que cada uno pueda avanzar por sí mismo fortaleciendo su autonomía.
El profesor es cercano, humano, firme y amoroso, comprometido con su propia formación y con el crecimiento integral de sus estudiantes.

Te invitamos a conocer el colegio y observar a los niños y niñas en su salón de clases.

